Estoy de regreso a mis labores cotidianas, sin prisas, sin presión, sin estrés. No recuerdo en mis treinta y cinco años de vida haber tomado unas vacaciones tan extensas y reales. Acostada para arriba y todos los pedidos, necesidades y antojos a mis pies, tan rápido como lo necesitara y con todo el amor que solo quienes quieren del alma pueden darlo.
Aunque sentí la necesidad más de una vez de mi madre, sus mimos y abrazos debo reconocer que a quienes dejó en su lugar hicieron su mejor esfuerzo por suplirme el amor materno que perdí hace cuatro años.
Mi amiga Susana, me dijo que la maternidad le cambia la vida a las mujeres desde el mismo momento de conocer la noticia, cuanta razón hermana. El cambio es interno y externo, pasivo y activo, es una contradicción explicable solo con la vivencia misma.
Interno porque el cuerpo manda señales agudos de mareos, nauseas, desequilibrio, agotamiento e inestabilidad, externo porque con tanto malestares, hasta peinarse duele, sin contar la redondez del vientre que poco se me nota aún,. Sobre todo por mis 220 libras antes del bebe.
Pasivo, porque me obliga a cambiar mi actividad diaria y resumirla a la tranquilidad de la cama o el mueble, en absoluto reposo. Activo porque el estomago hace unos movimientos muy intensos y constantes.
De todas formas estoy inmensamente feliz con la bendición de Dios de convertirme en madre, aunque eso traiga consigo cambios drásticos en mi vida y actividad laboral, espero comprenda y sean co piloto en la conducción de esta compleja nave que estoy comandando.